domingo, 4 de junio de 2017

Escapada al norte de Alemania. Hamburgo, Bremen, Lubeck.


En esta ocasión me gustaría recomendar una escapada a las ciudades del norte de Alemania. Hemos elegido Hamburgo, Bremen y Lubeck para visitarlas en los cuatro días del puente de mayo. Es un viaje muy cómodo, ya que hay vuelo directo a Hamburgo desde Alicante, y una vez allí, tanto Bremen como Lubeck, son preciosas ciudades que se encuentran a tan solo una hora de tren, y además, su reducido tamaño permite verlas en un solo día.


Hacía bastante tiempo que quería ir a Hamburgo por ser conocida como la Venecia del norte.  Realmente es una ciudad con muchos canales y puentes, y toda su vida gira en torno al puerto, pero en absoluto se parece a Venecia. Son ciudades completamente diferentes. Supongo que la comparación es un reclamo publicitario.




Hamburgo me ha parecido una ciudad dinámica, moderna y de gente trabajadora, llena de actividad, especialmente divertida y orgullosa de sus orígenes, su historia y su prestigio de ciudad libre y hanseática.
Dado que fue completamente devastada por los bombardeos de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, la ciudad tuvo que ser levantada casi en su totalidad, y tras la unificación alemana ha luchado por recuperar su privilegiada y antigua posición económica.

   
Mientras Bremen y Lubeck conservan perfectamente la típica arquitectura medieval; casco antiguo amurallado, plaza del mercado, catedral, ayuntamiento, calles estrechas y laberínticas, iglesias, torres, monasterios, etc. Hamburgo ofrece un aspecto más moderno, con robustos y emblemáticos edificios de ladrillo oscuro, levantados a principios del siglo XX, que representan a las mayores compañías comerciales del mundo, y junto a estos, las frágiles y extraordinarias obras contemporáneas de fachadas acristaladas. El nuevo icono de la ciudad es La Filarmónica del Elba, bloque levantado a orillas del rio, junto a los muelles, en el barrio de HafenCity, un imponente proyecto que completará el mayor desarrollo de un centro urbano en Europa. Pero, además de su modernidad, no debemos perdernos algunas obras que perduran del pasado: el Ayuntamiento o Rathaus, de estilo neorrenacentista, la iglesia de Sankt Michaelis y la iglesia de St. Petri, son algunas muestras de ello.


Por otro lado, y para comprobar lo alegres y animados que son en Hamburgo, os recomiendo un buen paseo, en la noche, por el barrio de St. Pauli; el barrio transgresor e inconfundible barrio rojo, lleno de clubes, bares, restaurantes, etc.
Como podéis observar, Hamburgo tiene de todo. Además, hemos comido muy bien, especialmente buenos pescados, y siempre acompañados de buena cerveza.


A continuación, os pongo un enlace de un diario de viaje que he escrito para la web “los viajeros”. Es una página de gran ayuda en mis escapadas y me he animado a participar y hacer mi humilde aportación para futuros viajeros. Incluye texto y fotos.

lunes, 6 de febrero de 2017

nacionalismo catalán


El nacionalismo es una ideología destructiva en sí misma.
Siempre crea un enemigo: “el otro”. Pero el otro también tiene su propio nacionalismo identitario. De manera que se convierte en una lucha de todos contra todos para autodefinirnos. En definitiva, el nacionalismo no es más que una construcción interesada para algunos y absurda para la mayoría de los ciudadanos, ya que no mejora la calidad de vida de las personas, sino que, únicamente, les hace creer en unas ilusiones engañosas e inexistentes.

El nacionalismo es un movimiento sociopolítico que surgió a finales del siglo XVIII cuando, todavía, las sociedades no estaban constituidas en naciones, pero hablar de nacionalismo en pleno siglo XXI es absolutamente anticuado y está fuera de lugar, máxime después de comprobar la deriva extrema y vergonzante de tal ideología en la 2ª Guerra Mundial.

En la actualidad, las identidades de cada pueblo, la lengua, y sus particularidades culturales son queridas y admiradas por sus gentes, pero también son respetadas, queridas y admiradas por el resto de vecinos y comunidades que conforman un país.

Estamos comprobando cómo esta idea nacionalista va ganando adeptos en nuestra querida Cataluña. Los interesados están consiguiendo su objetivo poco a poco. Se trata de una idea de locos, ambiciosos y egoístas que no miran más que por sí mismos, pero que ayudados por otros muchos interesados, que también comen del pastel, han convertido a Cataluña y sus gentes en un campo de batalla dialéctico, de sentimientos encontrados inexistentes, junto con odios y conflictos innecesarios. Porque no nos engañemos, para algunos, esto es un gran negocio.

Desde el punto de vista de un nacionalista catalán, o de cualquier otro nacionalista, es absolutamente legitima la reivindicación de sus propios derechos, de su propia lengua, de su propia educación, de su propia administración, y en definitiva, de la creación de un Estado donde se desarrolle su propio sentimiento nacionalista y que le diferencie de “los otros” sentimientos nacionalistas de las “otras” naciones con identidades diferentes.
Si nos centramos en el caso catalán, todas estas reivindicaciones pueden y deben hacerse desde las instituciones que ya existen (Generalitat), luego, ¿a qué tanto ruido nacionalista? Quizá sea que aún no son lo suficientemente distintos y diferentes del resto de conciudadanos del conjunto al que pertenecen. Quizá se quieren ver a sí mismos como seres especiales dentro de la nación a la que ya pertenecen. Quizá necesiten sentirse diferentes o superiores al “otro”.


Pues yo os digo: no sois mejores, ni especiales, ni más dotados, ni tan siquiera sois muy diferentes del resto de españoles. Creo que simplemente defendéis una identidad propia y característica, con miles de peculiaridades especificas según el entorno donde se desarrollan esas identidades, pero eso no os hace tan diferentes del resto de españoles, como para crear una nación distinta.

Vuestro sentimiento, amor, cariño, y orgullo por vuestra específica identidad, es el mismo amor, orgullo y cariño que siente cualquier gallego, extremeño, madrileño, o vasco, por su propia cultura y única identidad. Pero ello no quiere decir, necesariamente, que tengamos que separarnos para desarrollar las particularidades. Al contrario, nos unen muchas más cosas de la que nos separan y no podemos permitir que unos locos, egoístas y ambiciosos interesados acaben con la paz y la armonía de unos pueblos y unos ciudadanos a los que tanto nos cuesta sobrevivir cada día que nos levantamos.